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¿Y a ti aún te cuentan cuentos?

 

El cuento de los tres cerditos (+ Actualización)

30 mar. 2006

Si fuésemos el cuento de los tres cerditos, yo estaría fuera soplando con el lobo. Deshaciendo mis pulmones en corcheas agudas para que toda vuestra maldita felicidad os cayese encima, para aplastaros con vuestras sonrisas pegajosas. Y mientras amartillo mi pecho para cerrarle las compuertas, noto tu mirada capturada en las celosías. Clavada en el recorrido difuso de los minuteros. Esos que hace unas horas nos despertaban bebiéndonos los labios el uno al otro. Confundiendo pieles en una espiral de barro, imparable e imposible, que se entretenía moldeando nuestros cuerpos parejos. Hasta no dejar ni un hueco. Donde tus manos nacían del río derramándose de mis yemas y el aliento se evaporaba antes de cruzar el umbral de tu boca. Donde los gritos se ahogaban haciéndonos sangre en los labios.

Ahora, entre vuestras manos aferradas, salto al abismo de perderte de nuevo, sabiendo como sé, que esta noche volverán los calambres a esa zona del cerebro en la que recojo nuestras batallas a labios llenos. Porque esta noche ya no habrá cuentos. O quizás habrá demasiados. Porque esta noche no existirá un fondo del vaso tan vacío como para que yo pueda remontar de nuevo la cascada de tu columna desnuda y al final terminaré ahogándome bajo la luz difusa de tu ventana, con mil gatos en las entrañas, dos océanos en la mirada y un río de botellas desérticas en las que, con letra despeinada, introduciré con tu recuerdo, mensajes de exilio ante el naufragio inexorable bajo tu ombligo. Porque allí, donde refugias otro tacto, en esa habitación en la que ahora desnudas a otra, perdí una a una todas mis naves defendiendo, sin éxito alguno, el estrecho camino que llevó de mis piernas a las tuyas.

Así que modificaré el final de todos los cuentos para salir perdiendo al contar 7. Para que el Príncipe gris se atragante con la manzana o Cenicienta muera presa de una terrible alergia al polvo. Y Hansel se comerá las migas de Pulgarcito condenando al gato con botas a no encontrar nunca el camino que lleve a descubrir el guisante bajo los colchones. Y el emperador se enamorará de la abuela modista de Caperucita. Los enanitos asarán a Tambor en el huso de la bella durmiente. Y el lobo… el lobo se quedará a mi lado, soplando y soplando…

(Gracias a el_hombre_que por la idea de la foto y felicidades a Shin porque ya es todo un hombrecito!)

Actualización: para los que estéis en Salamanca el viernes 31 de marzo, os recomienzo acercaros por el Alcaraván a eso de las 9. Allí os encontrareis con el_hombre_que, Ramón Egea, David Vegue y Oscar Borona borrachos... y recitando. Así que si os animais, allí nos veremos ;)

Lemmings

27 mar. 2006

Ante tu pregunta, sí, quiero... ;)
Hay días que te ves corriendo, con desesperación, hacia los acantilados. Observas la cadencia de tus pasos, cada vez más rápidos, cada vez más decididos, hacia el borde del que despegar directo al peor de los purgatorios. Y sabes que será así. Sabes que cuando se te acabe la tierra roja comprobarás, sin dudas, que esto no era un carril bici por el que pasear uno de esos raros días en los que sale el sol en esta ciudad. Pero sigues corriendo, porque a veces da demasiado miedo pararse y quedarse atrás, porque ves en los bordes del camino personas que aplauden, con sonrisas desdibujadas por lo opaco de las palabras prendidas en miles de ofertas, tu exilio forzado y creado, cristal a cristal, por tu ineptitud.

En algunos momentos te tranquilizas comprobando que en tu camino ya existen huellas de mayor tamaño que no pueden equivocarse, y matas, cerrando muy fuerte los ojos hasta que no ves ni el color de tus latidos, la certeza de que ninguna de esas pisadas se asemeja a la tuya y, sobre todo, que no eres capaz de contar ni un solo rastro de vuelta. Al igual que un lemming, sólo tratas de orientarte hacia un lugar más cálido, más seguro, que libre de nieve el giro de tus articulaciones pero delante de ti, en el horizonte incendiado de promesas acuosas y delebles, sólo aparece la línea que divide las tentativas afiladas a golpe de roca por no caer del todo. Y sigues corriendo, sin ver (que no sin mirar), sin escuchar (que no sin oír) y sin comprender (que no sin entender). Y al final caes. Aunque sobrevives (que no vives…)

Hoy ha salido el sol...

25 mar. 2006


(Para ti, el hombre que, porque sin duda alguna, tú lo vales...)


Tú cierras los ojos en mi nuca, yo olvido un seno en la palma de tu mano
(Susana Barragués: "Los hipódromos del corazón"




Hoy ha salido el sol y sus rayos se me han enroscado en la piel recordándome tus caricias de menta y chocolate (tus ojos y tu piel) y me han crecido colibríes en el estómago, libando los acantilados a los que aún no habías tenido acceso y han terminado por enraizarme los vuelos en parapente por campos verdes sin esperanza. Sin esperanza porque ya son felices, así a secas. Sin hojas revueltas ni vueltas templadas. Felices, aunque asuste decirlo. Y esta mañana no necesito tréboles de cuatro hojas ni lisiar a conejos blancos. Hoy tengo, preso de mis coletas, el vértigo de sentirme invitada de tus manos, allí arriba, donde germinan las amapolas las noches en las que me prestas tu brazo para hilvanar sueños en la almohada. Y por la mañana me das un beso despacito, con ronroneo sin despertador, y yo te los cuelgo todos del cuello porque sé que contigo estarán a salvo. Al final de tanto olvidarnos de los tic tac, nos explotan las margaritas del deshielo y los planes con sabor a whisky, los cuatro de varios meses y el sabor a salitre que aún atesoro en los lunares de mi espalda. Porque aún me debes conocer esa parte del Atlántico de mi mano.

Y hoy me arriesgaré a decirte que te quiero, así sin más, aquí delante de todos, porque hoy ha salido el sol y se me ha ensamblado la sonrisa entre las mejillas sin dejar espacio a nada más. Porque hoy me he dado cuenta de que la felicidad se ha construido un adosado en mis costillas y me llena de viento de colores los pulmones sobre los que desayunar. Y porque me da la gana. Sin cabezas colgadas en la pared del salón sino simplemente ganas de que sepas tú, y todo el que quiera leerlo, que sin ti, hoy no habría salido el sol.

Se vende

24 mar. 2006


SE VENDE CORAZÓN

250 gramos, 650 ml. En diástole a veces aspira las mañanas de viento y aumenta a 700ml pero en sístole se repliega sobre el endocardio albergando calor disuelto en sangre y baja hasta 575 ml

Late y bombea aunque no funciona completamente, tiende a pararse en mitad de la noche guardando un minuto de silencio por los segundos perdidos latiendo una ausencia. Algunas veces crepita pero no llega a ser incendiario, sólo estira sus heridas sin llegar a abrir vías de escape. Se entiende bien con el resto de músculos y vísceras a excepción del cerebro. Los ojos, las manos y las palabras a veces le responden demasiado rápido y terminan empapando los andamiajes y desarticulando comandos vencidos de antemano.

Tiene un rincón ausente, cuya puerta sólo se abre por dentro, donde conviene no levantar el polvo ni remover en exceso el aire, los lacrimales se ha demostrado tremendamente alérgicos a las cajas fuertes cerradas a base de piel y hueso. Es pequeño pero cóncavo, observador y buen anfitrión a pesar de las goteras.
Se vende por falta de uso y al mejor postor.

Teniendo razón

23 mar. 2006

(A Eneko, porque a veces agota tener siempre razón...)
El mundo no funciona me dices y seguramente tendrás razón porque siempre la has tenido. Porque sé que has vivido demasiadas cosas y te has probado todos los modelos para comprobar, perdido, que no existía ninguno de tu talla. Porque te han fallado todas y cada una de las grandes PALABRAS (así con mayúsculas) que componen el sistema, a ti que siempre supiste bailar tangos curvilíneos con cada letra. Y te has resbalado por todas las alcantarillas y trampas de este túnel viciado y lóbrego que componen las grietas del ser humano. Así que tendrás razón, este mundo no funciona, es verdad.

Tendrás razón al decir que se dibujan las presencias al peso de lo que se esconde en sus bolsillos y de lo que se expone en los rostros y las tallas. En todos los sentidos (hacia delante o hacia atrás) valemos lo que pesamos. Y tú y yo que siempre lo hicimos todo a zurdas confirmamos que las malas intenciones también desgarran carne viva y que las buenas a veces se sienten demasiado poco, o demasiado lejos, según como pongamos el mapa. Tienes razón al hablar de toda esa mierda que escapa de los sumideros porque han perdido la capacidad de tragar, y no porque se nieguen a hacerlo, sino porque han terminado rebosando. Así que hace frío y se agrietan en tus manos todas las estufas. Porque no ves alternativas. Cuando te digo que las hay me miras clavando esa oscuridad incierta en los huecos de mi retina y con ese cariño calentado con los años me dices que siempre fui una utópica. Y volverás a tener razón. Como siempre.

Sin embargo, te olvidas de que siempre me gustó el do de pecho, llenando los pulmones, fraguando el aire y esculpiendo opciones en las ramas de los árboles. Donde puedan verse pero donde no sea tan fácil atraparlas. Y tú las ves como yo pero te has olvidado de como mirarlas. Son las mismas de antaño pero no puedes alcanzarlas si pones una cantera a tu espalda y te atas las pestañas a los zapatos. Sólo tienes que darte una oportunidad y no perder la mirada en las nubes de tormenta que se engarzan con los álamos. Y lo sabes. Sólo que a veces necesitamos que alguien venga y nos grite despacio que para conseguir algo, tenemos que querer conseguirlo, alargar los brazos. Por eso es a mí, a aquella que siempre fue una utópica, a la que recurres, porque tú hoy, sin saberlo, buscabas que, aún teniendo razón, no te la diera.

Aunque tú no lo sepas

22 mar. 2006


Aunque tú no lo sepas...
me gustaría hibernar bajo tu piel
.......
......
.....
....
...
..
.
y que fuera siempre invierno.

Postales de tristeza

20 mar. 2006

Ella esperaba el autobús con la neblina sucia de la ciudad encarnandosele en las mejillas. En el cielo retumbaba su último adiós y se iluminaban los tejados de destellos difuntos en sus hombros rendidos. La cama abierta a la izquierda y expropiándose, lentamente, en la derecha. Tenía los ojos abiertos pero llenos de persianas, al igual que los conductos de agua caliente. Se le había instalado el invierno en las arterias.

En las manos, desmadejadas, los espacios nocivos habían encontrado nido, dejando sabor a impotencia entre los dedos. Y todo su cuerpo, se rendía a la presión del Everest con la agonía del que bucea a pulmón. En el mar muerto. Quizás le habían estallado los oídos hacia dentro, quizás su boca desangraba suspiros helando aún más las cabinas desiertas. Escarchando el siguiente paso.
En un instante, su pelo ceniza prendió en el cielo a golpe de relámpago y quien sabe si lloraban sus mejillas o los alféizares.

Querer miedo

15 mar. 2006

(a pesar de mi independencia... o quizás la causa de ella...)
Supongo que querer implica también tener miedo. Miedo a despertarme un día y no encontrarte detenido en mi espalda y darme cuenta, con los párpados despedazados por los sueños en los que te vas y no vuelves, de que no es una de esas mañanas de cuenta atrás, sino ver (tragando cristales que se asocian a mi traquea astillada sin tu saliva) que he perdido el sabor de tu aliento preso de mi nuca, que se quebró el camino de baldosas amarillas que me escalabas de madrugada (para borrarlo a golpe de saliva la noche siguiente) y que el color de tus ojos se ha derramado perdiéndose de mis labios. Y aunque ésta si es una de esas mañanas de maratón, en la que me dedico a saltar las vallas enredadas de tiempo infame hasta el cobijo de tu pelo, el hielo deshaciéndose me escala la columna pensando en tu billete de ida. Supongo que se tiene miedo porque sabes, en el rincón de telarañas donde te escondes de tus refranes, que necesitas a alguien. No como necesitas beber de manantiales límpidos, sino como necesitas descubrir que mañana hará sol. Y necesitar siempre asusta. Porque puede que él no te necesite a ti. Porque puede que un día se vaya. Yo que siempre me rebelé contra las ataduras, hoy me anudaría con piernas, besos y brazos al camino eterno que no me separe de tu estela ni en las pesadillas y sé, porque en el fondo lo sé, que con cada despertar te soltaría, con el corazón acampado en mi garganta, para dejarte la elección de mis sábanas con café y tostadas. Y si vuelves, desayunaremos bizcocho en las curvaturas de tu cuello y magdalenas sembradas en los montes de mi cuerpo. Y si vuelves, no le faltará sol a los días de lluvia ni calor de abrazos a los temblores. Y si vuelves, se me estirarán las sonrisas hasta las coletas y me prenderé mil te quieros de mi pelo, vacío sin tus dedos. Vuelve, sólo vuelve…

Y en esta mañana de cronómetro (5, 4, 3, 2, 1…) me descubro débil de simple querer. Querer que pase el tiempo, querer bordarte mis labios en tu cuerpo, querer escucharte presentar a amigos, querer mirarte cuando tú no miras. Querer verte, con las manos llenas de sonrisas, esperándome en el andén donde seguir construyendo días con mañana. Quererte a ti al fin y al cabo. Yo que cantaba, siempre satisfecha, aquello de “Que desde que te has ido, aún nadie me ha vencido”* confieso que has derribado todas y cada una de mis defensas y ahora te sientas en el trono que gobierna la felicidad de mis horas. Y admito que tengo miedo de que, una vez rendida la ciudad, decidas construir tu hogar más allá de las fronteras que te ofrecen mis piernas. Supongo que da miedo reconocer que hace ya tiempo que cegué las puertas de entrada y ahora cierro los ojos cada minuto en la comisura de tus manos.

* “Venas con humo y palabras”. Marea

Arte conceptual

7 mar. 2006

Aún perduran en mis sábanas las manchas de un nosotros que no he sabido quitar ni frotando con tu sonrisa errante en el quicio de mi puerta, aún, los fuegos fatuos de tu cuerpo desnudo inquietándome la tranquilidad de los muertos en vida, aún se mantiene el rastro de tu olor, que se mezcla con la salinidad infecta de mis lágrimas quebradas en la almohada. Y aunque me pueden las ganas de quemar el pequeño universo de mi vida que he contaminado llegando a quererte, hoy reforestaré mis piernas de minas antipersonales para que no vuelvan a dejar pasar la luz, porque, es posible, que así se me acaben los besos de temporada y los abrazos que solo sirven de abrigo en las mañanas de entretiempo.

Volví a jugarme la boca en el campo de hierba artificial cuando viniste a cerrármela a base de besos y me concentré tanto en mi papel estelar que se me escapó la nota de sabor a óxido. Del mañana que nunca tendríamos. De la sangre que ni corre ni llega a coagularse. Una vez descosidas las ropas ya sólo nos quedaba colgarnos de los balcones a esperar los fuegos artificiales y, con la luz de colores, comprobé el siete en el pecho y la cascada de pedrisco tallando figuras de hielo en el borde de las aceras, pero, mejor que bajar y resbalar con tanto frío, decidimos quedarnos en las ventanas cincelando promesas estúpidas en el alféizar. Entre la paz mundial y el final de la pobreza hilvané mi compromiso de no enamorarme de ti. Hasta que amenazó la primavera y el hielo se deshizo bajo mis pies formando un remolino que siempre me impulsaba hacia arriba. Para poder caer desde más alto. Así que en uno de esos días par, de uno de cada dos meses, me tragó la ola rompiéndome la boca con alta marejada. Y como era de esperar, rompí todas mis promesas dejando en mi habitación un reguero de arte conceptual. Mi ropa interior, la última de tus pisadas y una de tantas lágrimas secas.

Aún perduran en mis sábanas
las manchas de un nosotros
que se alzaba en días pares
en uno de cada dos meses.
Ahora,
mientras tanto,
inyecto óxido en mi almohada
hasta que se pudra de mi olor a llanto.
Y en este día impar
del tercer mes
de un año apagado
impregnaré una muesca a dentelladas
en el ventrículo derecho
de mi corazón derribado.
Para que la última de tus pisadas
cercenando mi ropa interior
pueda volver a clavarse
sin barreras y astillada
en el borde de todas mis aceras.

Horas muertas

5 mar. 2006

En días como éste es imposible no recordarle, así que sólo te queda refugiarte de la batalla de granizo en algún lugar cálido como la boca del infierno. Nunca se te había grabado una imagen tan a fuego como aquél estallido del cielo mezclado con tus dientes, sus besos, los sacrilegios y sortilegios y el olor a ozono. Quieres rebelarte ante la cuchillada traidora del despertador que nunca utilizasteis y huyes hacia mar abierto donde su figura sigue dibujándose en la entrada del puerto de tus entrañas. Siempre al final del camino, la última parada del tren, donde te ves obligada a parar o a volver atrás a pesar de haberos prometido que siempre caminaríais hacía adelante. La historia más imposible que terminó convirtiéndose en la más común de las historias interminables, pero esta vez no pudiste pedirle a Fújur que te rescatara de las caricias calentadas a medio gas. Él no vendrá y tú no avanzarás. Y la distancia para los dos seguirá siendo la misma.

Hasta pronto

3 mar. 2006

En unos días mi cama quedará un poco coja. Aún recuerdo esa canción infantil, escuchada a ojos mediados cuando corría los mil metros con el sueño y siempre perdía, esa en la que se entonaba que cuatro angelitos guardan mi cama. En unos días, y estando despierta, uno de esos angelitos alzará el vuelo aunque, estoy segura, su sombra se quedará ayudando a sostener una vida que no sería la misma sin la fuerza de sus brazos: la mía.

Sé que escriba lo que escriba se quedará corto al describir los cuencos de lágrimas que achicó de la cueva vacía en la que me convertí hace un tiempo, donde no existía ni el eco de mis suspiros vacíos de esperanza, pero donde consiguió ahondar los escalones en la pared desnuda para permitirme volver a subir. Aún me sorprendo de que los adjetivos se me escapen, sin peso suficiente, para describir su amistad. Y sé que éstas palabras quedarán huecas sin el calor de sus manos, la sonrisa eterna de sus abrazos o el apoyo constante de sus fuerzas tejiendo una red sin fisuras bajo mis pies, haga lo que haga, nunca lograré impregnar los caracteres de mi teclado de su corazón en estado puro, y yo, que como sabéis siempre adoré las palabras, me quedo sin ellas para describir a una persona que demasiadas veces se olvida de lo que realmente vale.

Así que hoy, recubro mis heridas de humildad para decirle, así a secas, que es una de las mejores personas que he conocido y no por lo que me ha ayudado a mi, que es más de lo que cabe en los 250 gramos que laten gracias a sus remiendos, sino por él mismo. Aunque a veces no se lo crea. Aunque haya momentos en los que le fallen las rodillas y las risas plieguen en espera de tiempos mejores. A pesar de los momentos fotocopia. Aunque haya noches en las que se dispare acordes amargos a las grietas y se repita que mirar más allá no vale la pena. Sí que la vale y en gran parte la vale por gente como él. Porque no existen penas en acercarse al reguero de vidas llenas que va legando en su camino. Porque si este mundo se acerca a ser algo que importa es gracias a gente como él, gente con las manos vacías capaz de llenar de fuegos artificiales las habitaciones inermes, gente, como él, capaz de perdonar, de olvidar, de resucitar ilusiones, de reforestar campos yermos de estrellas y de borrar las quemaduras de los cometas que pasaron demasiado cerca. Porque es un niño que lapida asesinos de quimeras sin recurrir a los espejismos. Porque, a pesar de su insomnio golpeado por sus necesarias siete horas, es capaz de convertir en un sueño la vida de los demás. Porque, para mí, siempre tendrá esa medalla de oro que falta entre sus trofeos.

No me queda más que desearle suerte. O mejor dicho, deseárnosla a nosotros, sus amigos, que nos quedamos sin él por un tiempo. No dudo que le irá bien, sabe que al volver tendrá un lugar en los cojines lleno de amigos con brazos abiertos y palomitas en los bolsillos, para ver sus continuaciones felices. Porque, como nos ha pasado tantas veces, esto sigue sin ser un final, sólo es una bahía más en la que no nos tragará la marea (prometido) y cuando sus pasos regresen a este Bilbao que ha conseguido convertir en un trocito de mi hogar, yo estaré allí con la mayor de las sonrisas. Y a mi lado se esparcirán caramelos rellenos de la efervescencia de ver que está ahí de nuevo, que no ha terminado de olvidarnos, a mi lado todos esos que nos quedamos. Todos esos que te echaremos tanto de menos. Y créeme, somos muchos.
Iván, Pelu, Shin, Pelusilla, Rigodón… no te vayas del todo.

Lo que hace una tarde libre...

1 mar. 2006


Me despedí de ti
borré mis huellas dactilares del quicio de tu puerta
y ayer,
cuando mi ropa aún respiraba en tu armario
perdí el instante en las baldosas.
Me dolían tanto las amapolas llenas de espinas
que sin querer queriendo
sulfuré los escalones que sólo bajan
para no impregnar de naftalina el camino de vuelta.
Al fin y al cabo, el pasado sin ventilar
sabe tan mal
como los besos antiguos roídos por las polillas


HAY QUE HACER ALGO
HAY ALGO QUE HACER

Un salto y todo cambia*


A veces tus miradas se me enroscan
en los lunares
en los pezones
detrás de las rodillas
o en la lámpara que sigue rezumando humedades
y me doy cuenta
con un escalofrío empapado
de que mientras tus ojos me distraían
tus manos han escalado termas entre mis piernas.


*Gracias a I.Zubero por la idea y a el_hombre_que por la forma :)
 
   

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