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¿Y a ti aún te cuentan cuentos?

 

Inventario

25 jun. 2008

Cometo un plagio consentido al tomar de la mano el inventario de El_hombre_que para construir el mío propio. Gracias por el préstamo.

26 años divididos por tandas inconexas. Hasta los 18, la balanza de días que quisiera borrar siempre me dejaba con tiempo a deber. A partir de ahí, aprendí a aprender hasta de los instantes que dejaron rastros de carne viva. Aún sigo en ello.
186 centímetros que a ratos me gustaría regalar, especialmente cuando los siento como muchísimo menos.
10 uñas sin morder. Está siendo una buena temporada.
1 padre y una madre a los que quiero por intervalos, a veces más a uno, a veces más a otro. Al final saco la media y se cuidan el uno al otro en la misma línea. 1 hermana mayor que siempre ejerce de hermana mayor y por eso con ella no hay intervalos ni medias, la quiero a tiempo completo.
2 ojos miopes que en ocasiones sólo son capaces de ver en blanco y negro.
1 plato preferido, la tortilla de patatas de mi madre, inimitable, inigualable y exquisita. Puede suplirse a veces con otras de bares escogidos. La mía apunta maneras pero aún le queda cumplir la mayoría de edad.
1 gato, Argi, el más guapo del mundo.
194 textos, con éste, almacenados con mayor o menor acierto en este blog, 16 en compañía de Natxo sin paréntesis.
4 novios formales, algunos más, informales. Nunca he contado los amantes ocasionales y no es algo que vaya a empezar a hacer ahora. Ningún rubio entre ellos.
1 cicatriz importante (supuesta apendicitis) a medio palmo del ombligo, un puñado más en las rodillas y 2 más que ha dejado el paso del tiempo. 1 mutación genética que, de momento, no lleva ningún superpoder debajo del brazo. Si aparece, avisaré.
3 tatuajes que marcan tres de esas etapas inconexas. Uno no me importaría borrarlo, con su tanda viajando de su mano, y reescribir uno nuevo antes de que llegue septiembre.
1 reloj, en la mano derecha a pesar de ser diestra. 2 anillos, uno de ellos cambia de vez en cuando, en los momentos en que no me gusto ni yo ni mis manos.
4 ciudades, Cádiz para volver siempre, Sevilla para no volver jamás, Salamanca para aprender a aprender y Bilbao para ponerme a prueba. A partir de aquí, destino incierto y se aceptan apuestas.
3 segundos para mirar a alguien a los ojos. A partir de ese tiempo, comienzo a sonrojarme y me desconcentro. Tiendo a lanzar incursiones furtivas a las pupilas para suplir esta importante carencia.
13 países visitados y 3 continentes. 1 mapamundi lleno de círculos rojos a hacer realidad en cuanto me sea posible.
3 libros favoritos que van cambiando con el tiempo, las ganas y el clima. Aunque uno siempre se mantiene. Algunas canciones alcanzan también ese título pero nunca se quedan lo suficiente como para acunarlo y que llegue a madurar.
2 miedos confesables, a las alturas y a la oscuridad. 4 adicciones legales y a dos colores, los regalices rojos, las cerezas, el chocolate negro con almendras y el café.
Múltiples manías, un puñado de amigos y nada para cenar esta noche.
Ni rastro en este inventario de mi número preferido. El 7.

Nous avons été près

16 jun. 2008

Estuvimos cerca, lo justo para rozarnos con los ojos y ver el abismo demasiado cerca de los labios. Inquietándose bajo nuestros pies. Lo justo para medirnos las manos y decidir entrelazarlas por separado. Más allá de todas las canciones, de las notas discordantes de un solo de saxo, más allá de todos los minutos escritos en un reloj sin manecillas, estuvimos cerca. Lo justo para dibujar las posibilidades en la retina opuesta. Y leerlas en la propia. Lo justo para saber, sin que nos lo digamos entre líneas, que estuvimos cerca.

Seguramente se conjugaron todas las ciudades para hacernos construir un mapa que, en algún instante difuso, pudo significar una senda divergente, equivocada pero extrañamente tentadora. Como esos caminos aniquilados que incitan demasiado los pasos como para no recorrerlos al menos en inicio. Adentrarse con los silencios estudiados mientras el corazón vuelve a latir más de la cuenta. Aunque no hay que olvidar que lo obvio de esos recorridos es que jamás acaban dibujándose en siluetas impresas en las sábanas sino con una vuelta al lugar de partida, a manos conocidas, tras la palpitante excursión.

Así que estuvimos cerca, llegamos al límite expreso de los gestos al borde de una tarde de no-verano. Al punto de inflexión en un camino dibujado con el pulso incierto de las motivaciones discontinuas. Yo sabía de antemano que habíamos estado cerca y quizás buscaba averiguar el momento exacto en el que habían mutado los tiempos verbales. Aunque realmente no me importaba saberlo. Fuimos turistas en un país hecho a medida y no hay que olvidar que, llegado el momento, siempre toca volver a casa.

Aunque a veces me pregunte como sabrían tus palabras.

Inercia

15 jun. 2008

Es inercia. Te levantas, te lavas la cara y obvias la imagen en el espejo sólo un rato más, ya tendrás tiempo de enfrentarte a ti misma en un momento más lúcido. Preparas el desayuno de los campeones, café, tostadas y zumo, y hasta que no das los primeros sorbos eres incapaz de pensar más de dos palabras seguidas. A veces ni siquiera unas letras. Sin duda, es el mejor momento del día.

Después todo se va precipitando, no puedes evitar los reflejos en esta ciudad repleta de charcos. Quizás tengas un día de suerte y aguantes hasta mediodía pero los días de suerte escasean tanto como las manos tendidas en un hemiciclo político. No hay que contar con ellas. Los que la tienen, la suerte digo, siempre dicen que no son una víctima elegida al azar, que la han buscado, cercado y aprisionado, que han luchado duro. Ahí nace mi excusa preferida para los días verdes, nunca me gustó la esclavitud ni siquiera de las ideas. Sin embargo los días grises, a secas, reconozco hasta mi propia demagogia y eso siempre convierte las horas en un campo de minas debidamente señalizado para no escapar a ninguna. Cuestión de suerte.

Los momentos críticos siempre llegan al caer el sol, cuando decides dejar de mirar una pantalla apagada, una pared derribada. Entonces te quedas a solas con tu propia sombra. Y por un instante crees que tienes todas las opciones. Luego, pasado un breve lapso interminable de tiempo, te encuentras de nuevo en la casilla de salida. Con las ganas magulladas y sin la menor idea de hacia dónde dirigirte. Y caminas, claro, eso lo aprendiste desde pequeña. No porque tengas un destino. No. Es sólo cuestión de inercia.

Fe

12 jun. 2008


"Y en el hotel, en mitad de la noche, sólo se oye rezar a una mujer en perfecto francés, perfectamente incomprensible para mí pero igualmente demoledor, porque todas las oraciones, las que uno conoce y las que no entiende, están hechas de la misma fe. No la fe en uno mismo, sino la fe en todo lo demás. La fe en el poder de lo ajeno"

Ray Loriga: "Tokio ya no nos quiere"
 
   

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