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¿Y a ti aún te cuentan cuentos?

 

Ganbe


Ella me decía que tenía que bajar la guardia, confiar, tender puentes entre el abismo de mi vacío y las manos de los demás. Tú desapareciste, te fuiste en el momento oportuno, cuando tu vida se colocaba, impecable, dentro del compás y la mía se desparramaba por la punta herida del cartabón. Y él, apareció justo para recordarme el poso caliente del estómago, la desesperanza, el hastío de no equivocarte cuando todo lo que quieres es hacerlo. Su voz, alegre, resuena aún en mis oídos recordándome que nunca sonrió para mí.

Ella me decía que debía creer en mi propio brillo, interno, no afectado por los vaivenes y caprichos de una luz dispersa y egoísta. Tú apagaste las linternas de emergencias y rompiste todas las bombillas a fuerza de repetir una y otra vez la misma idea, me enterraste en el sótano oscuro de un faro voluntarioso en un mar picado por la galerna. Él, creo, jamás quiso sentarse, creer ni ver. O sí. No lo sé. Nunca creí que tenía derecho a preguntar por ello.

Me hizo sonreír de nuevo, vislumbrar ese magullado techo de cristal, el que tú rozaste, el que ella me pide que averigüe como romper. Llegué a contemplar, por el rabillo del ojo y dentro de todas mis ilusiones, la lluvia de vidrio, magullándome feliz. No hubo opciones, allí en mi foso particular volvieron a caer las cenizas aún vivas de todas las razones por las que el espejo me devuelve constantemente un rictus tenso e inmortal, volví a sentarme sola, a mirar lejos y a no encontrar el horizonte. Aprendí, de nuevo, que abrir las puertas es la forma más rápida de que las cierren de golpe.

Sonando: "Young Blood" de The Naked and Famous
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At 12:24 p. m., Blogger Beauséant said...

pero es algo que esta en la propia naturaleza. El empeñarse en abrir puertas, en recorrer caminos que no llevan a ningún sitio.. no sé, quizás incluso se aprende algo de todo eso :)    



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