Ella
me decía que tenía que bajar la guardia, confiar, tender puentes
entre el abismo de mi vacío y las manos de los demás. Tú
desapareciste, te fuiste en el momento oportuno, cuando tu vida se
colocaba, impecable, dentro del compás y la mía se desparramaba por
la punta herida del cartabón. Y él, apareció justo para recordarme
el poso caliente del estómago, la desesperanza, el hastío de no
equivocarte cuando todo lo que quieres es hacerlo. Su voz, alegre,
resuena aún en mis oídos recordándome que nunca sonrió para
mí.
Ella
me decía que debía creer en mi propio brillo, interno, no afectado
por los vaivenes y caprichos de una luz dispersa y egoísta. Tú
apagaste las linternas de emergencias y rompiste todas las bombillas
a fuerza de repetir una y otra vez la misma idea, me enterraste en el
sótano oscuro de un faro voluntarioso en un mar picado por la
galerna. Él, creo, jamás quiso sentarse, creer ni ver. O sí. No lo
sé. Nunca creí que tenía derecho a preguntar por ello.
Me
hizo sonreír de nuevo, vislumbrar ese magullado techo de cristal, el
que tú rozaste, el que ella me pide que averigüe como romper.
Llegué a contemplar, por el rabillo del ojo y dentro de todas mis
ilusiones, la lluvia de vidrio, magullándome feliz. No hubo
opciones, allí en mi foso particular volvieron a caer las cenizas
aún vivas de todas las razones por las que el espejo me devuelve
constantemente un rictus tenso e inmortal, volví a sentarme sola, a
mirar lejos y a no encontrar el horizonte. Aprendí, de nuevo, que
abrir las puertas es la forma más rápida de que las cierren de
golpe.
Sonando: "Young Blood" de The Naked and Famous
This entry was posted
on 6 jul 2014 at 2:52 p. m..
You can skip to the end and leave a response.
1 comment:
pero es algo que esta en la propia naturaleza. El empeñarse en abrir puertas, en recorrer caminos que no llevan a ningún sitio.. no sé, quizás incluso se aprende algo de todo eso :)
» Publicar un comentario