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¿Y a ti aún te cuentan cuentos?

 

Alfiles

29 may. 2010

“Aparta la mirada, lárgate de aquí, esta noche puedes decidir por ti, puedes dar pero no esperes recibir, eres tú quien tiene que elegir…”

La llave no gira una vez más y te sientas en la escalera con las piernas cruzadas, la vida cruzada, a ver como avanza el segundero en el baile absurdo de una madrugada a solas. Ya no me quedan ases en las manga, los he ido dejando en un camino marcado que sólo has seguido a medias, hasta un punto indefinido en el que mirarte se me antoja un trabajo de equilibristas. Siempre en el borde exterior de tu pupila.

“Y parece que tus ojos brillan más cuanto menos puedo ver”

Te has colado por una rendija absurda de mi rutina en la que las distancias fluctúan del naufragio absoluto y sin prisioneros a las miradas colgadas de los omoplatos, conscientes ambos del peso que pueden traer los pasos en falso. Fuiste el único en esperarme en la orilla, en leerme la angustia y tender una mano al abismo, ahuyentando a los murciélagos. Y ahora aún reverbera tu voz en mi cerebro y quiero una cerveza larga –contigo- en esta noche de quizás verano. Recorrer un camino sin conciencia y que vuelvas a recordar a Cortázar.

“Me susurras al oído:”créeme no soy como las demás”, el problema es que probablemente yo no tenga nada especial…”

La llave no gira una vez más y mi vida cruzada decide refugiarse en mis dedos en esta noche de quizás verano. Y yo callo y agoto las ganas sabiendo que tú juegas con las blancas y a mí sólo me queda un alfil en el tablero. Mi pieza favorita de ajedrez. La única que no se mueve de frente.

Sonando: Mañana: “El momento en que perdí”

Buenos propósitos

26 may. 2010

Prometo dejar de escuchar canciones tristes; prometo volver a comer tres veces al día –hoy al fin lo he logrado-, tener en la nevera algo más que miseria y cerveza y recordar el sabor de la fruta. Prometo que, al menos una vez a la semana, dormiré más de 5 horas e intentaré no tener pesadillas despierta. Prometo volver a verme en el espejo y, quizás, hasta reconocerme. Prometo no volver a morderme las uñas. No buscarle al doblar cada esquina y no aferrarme a la cadencia de sus pupilas. Prometo volver a escribir sin un poso en el estómago y sin miles de palabras impronunciables aferradas a la garganta. Algún día.

Prometo volver al mimbre –que se dobla antes que partirse- y al silencio; a los ojos fijos para restañar las heridas que supuran día sí y día no. Prometo parar los latidos, los relojes, los acordes. La autocompasión. Prometo cerrar las compuertas y levantar las murallas. Anestesiarme el futuro para no intentar perseguirlo sin resultado. Cubrirme de fuentes la piel y que nada permanezca.

Prometo sonreír de continuo y jurarme que no duele. Hasta que me lo crea.

Detrás del telón

24 may. 2010

No hay esquinas en esta ciudad vampiro en la que esconderse cuando no quieres ser encontrada. Y aún hay menos cuando lo que buscas es todo lo contrario. Cuando tienes tantas vías por las que gritar y tantas cosas que callar, no existen rincones donde no se te pudra la sensación de que, desde siempre, llevas tatuada en la retina la mediocridad.

Y decides seguir a unos ojos de piel muerta sólo porque ha visto algo que nadie más había visto en ti. El ámbar desecho de tus pupilas, signo inequívoco de todo lo que no consigues asumir después de ver. Y por unos instantes consigues no advertir el escenario, las miradas contenidas, los hilos de las marionetas que tantas veces nombró. Él quería saber cómo se manejaban, yo no quería formar parte de la ración más sucia del juego. Aunque mordiesen los labios sin aliento. Entonces se encienden las luces y encuentras el telón y, por una grieta a contraluz, todo lo que se esconde entre bambalinas. Se añade una nueva gota al ámbar y descubres que lo que en realidad duele es tu propio vacío.

El vacío que tú dejaste cuando decidimos ser dos personas sin más. Contigo podía hablar de todo, vaciarme por dentro y que toda la basura se postrase en la acera y allí mirarla desde fuera y verlo todo diferente. Pero lo jodimos. El amor y toda esa mierda. Yo no creo en el amor. Y tú lo sabías porque tampoco crees en él. Ahora ya no consigo emborracharme ni con la saliva más agria y no sé recomponerme sin red. Me escondo entre periódicos, cervezas y manos a trasluz. Y ahora acepto todas las noches para que esto no se acabe y me obligue a estar sola, a pensar. Es sencillo. Y una mierda. Es la capacidad de que alguien decida cruzar contigo el telón, obviando los hilos. Simplemente, de que alguien te vea.

Piensa en frío

20 may. 2010


Son las 4 de la mañana y reventaría los cristales de todas las ciudades sólo con abrir el grifo que me impide pensar en este momento. Aún tengo su sabor en la boca y tu voz en el oído. Aún tengo el corazón olvidado en una cloaca de Madrid. El lagrimal seco. Es absurdo querer llorar y no poder. Perder la mirada en los pasos atrás, en los nudillos descarnados de pelearme con todo aquello que consigo y se convierte en mierda en cuanto lo toco. Palpando los sacos de arena que me cuelgan de las retinas antes de darme cuenta que los cuentos de hadas están proscritos a mi alrededor, donde sólo crecen ilusiones muertas.

Son las 4 de la mañana e Iván Ferreiro me canta al oído que Piense en frío. Es tarde para eso.

Batas blancas

13 may. 2010

“Puedo oír los latidos sin necesidad de estetoscopio”. Sé que debería hacer caso a su bata blanca, a su voz amable y a su mirada preocupada. Que debería cuidarme más y dejar de escalar a los tejados para intentar ver más allá. Adelantar al tiempo siempre te deja con un ritmo cardíaco elevado y unas décimas de fiebre. Se apacigua con una manta roja, un gato que ronronea y un buen libro mientras estalla el granizo tras las ventanas; calienta menos la fiebre y duele menos el nudo en la garganta que te impide gritar canciones alegres. Sin embargo no desaparecen los temblores. A veces creo que fuera hace un sol radiante y la lluvia, el frío y el viento sólo reside en mis retinas, inundándolo todo. Y no soy capaz de caminar sobre las aguas a pesar de las tres pastillas al día que pretenden mantenerme a salvo de personas con bata blanca. A salvo del no-verano que nace en los capilares y cada vez se acerca más al corazón a pesar de la lentitud de mi riego sanguíneo. A salvo de mi mirada en tu mirada. A salvo de mí.
 
   

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