Cercanías
30 jul 2010
No sé volver a columpiarme sobre el abismo como si no me importara el vértigo. Tú me miras y esperas que dé un paso que me dejé olvidado en algún abrigo viejo. Con un billete de cercanías que nunca llegué a usar.
No es posible que no creas en el amor me dices con un susurro que suena a rezo a un Dios en el que ninguno de los dos creemos. Y mientras se mueven los labios, mientras se modula el sonido en el aire viciado de esta ciudad trinchera, sabes que estás asaltando tierra baldía. Y me recitas una película americana como si el amor siempre se encontrase en el último vals de un fin de fiesta, como si no doliese, como si fuera patrimonio de domingo, de veranos perennes o de ojos sin dobleces.
Sí es posible que no crea en el amor, que me acomode en camas ajenas que no buscan ni quieren un rastro de mi mañana en sus sábanas, que los domingos me inyecte cotidianidades para pintar las paredes de reflejos habituales, que los únicos ojos sinceros con los que convivo sean los que se mantengan cerrados. Es posible que sea más fácil sonreír a desconocidos. Que duela menos jugar a follar cuando azuzan las ganas y simular, con la luz del día, que todo está bien, nos veremos en la próxima.
No es posible que no creas en el amor me dices pidiéndome que crea. Pidiéndome que crea en ti. Y no te das cuenta, esta vez no, mientras mueves los labios, mientras se modula el sonido en el aire viciado de esta ciudad trinchera que sí creo en ti. En quien no creo es en mí.
La foto es de Lorca-Baza-Aguilas