La verdad
25 jul 2011
He perdido la cuenta de las veces que te he llamado cobarde. Como un mantra cadencioso en el que enterrar mi propia ineptitud. Como una excusa, como una razón, como si no fuera verdad. Como si a través de este tañido pudiera evitar mirarme a los ojos y reconocerme que no -solo- es cobardía sino indiferencia.
Sin embargo ya no soy capaz de creerme mis propias mentiras. A pesar de que aún escribo cartas a los Reyes Magos solo por imaginar que soy capaz de conservar algo de inocencia. El problema es que se esconde en un lugar al que tus ojos empiezan a no poder acceder; sobrevivir también es eso. Lo bueno es que hace meses que no lloro, solo a veces, por las noches y siempre a solas, cuando descubro que nada de lo que soñé se ha hecho realidad y ni aún así soy capaz de rendirme. Aunque lo he intentado. Supongo que un día te das cuenta de que hay pocos, muy pocos, momentos en los que no te sientes sola. Y te da miedo porque ya apenas duele. Y es que hace mucho, demasiado quizás, que nadie me roza el corazón y hace aún más que nadie se queda para domar el escalofrío. Es posible que yo no lo ponga fácil pero siempre he creído que retener es el más obsceno de los verbos y mi cuento favorito siempre fue El principito.
Sin embargo, yo sigo esperando en este campo de trigo y tú no vas a volver. Y la verdad es que da igual la razón por la que no lo hagas aunque mis noches impares se empeñen en decirme lo contrario. Aunque (la verdad) duela diferente.
Sonando: “Todavía una canción de amor” de Los Rodríguez