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¿Y a ti aún te cuentan cuentos?

 

Rachas de poniente

27 jun. 2007

Hoy he arrinconado el mapa del tesoro que colgaba del frigorífico, negándole toda posibilidad de vuelta. La X nunca señala el lugar, sino una tempestad de escombros, toses atiborradas y la perspectiva de que todo futuro se traduce en empezar desde cero. Allí es donde navego todos los días en los que me sobra un rato para pintarme las uñas, descubrir mis huecos y atesorar relojes de arena parados en plena ventisca. Y eso que nunca tuve visión espacial y todo plano medianamente decente siempre venía dictado por otras manos.

Ahora me apaño con una veleta apresada en mi ventana que hace las veces de brújula de los vientos. Es posible que me equivoque en cada paso, aunque de momento no voy dejando un sendero regado de amigos y eso me tranquiliza. Seguramente todo este plan estratégicamente diseñado al milímetro, acabe en la basura por contener milímetros de más y no dar el perfil que estamos buscando. Ya se sabe que una veleta sólo mira por sí misma pero aún así, probaré. Al menos tendré la certeza de no tener también el viento en contra.

Protocolo de temporada

24 jun. 2007

Quizás es que querías una despedida más melodramática, llanto, súplicas y el sentimiento de noches vacías acechando desde el quicio de la puerta, quizás es que necesitas sentir la ruptura de mis ganas contra tus palabras para sentir que has significado algo para mí, para sentir que eres tú el que te vas, sin la derrota abasteciendo arpones a tu paladar. Puede ser también, que esperases mi agradecimiento, la ilusión de la ganadora de un premio de tercera, gritos, palmas y confetti. Una banda sonora de drama americano mientras la cámara se acerca para concretar con un primer plano de mi sonrisa.

Después de este tiempo aún no has conseguido entender que se me da mal mentir cuando no me va la vida en ello, termina por notarse que es un discurso aprendido cuando no te importa lo que puntúa el jurado. Quizás también quieras convencerte de que miento al no querer mentir, que es otro recurso de los que nunca se dan por satisfechos con sus propias palabras. Ciertas o falsas. Al final terminas por arrastrar los pies a ver si consigues facturar algún retal no corrosivo si, con el peso de tu exilio en los tobillos, eres capaz de provocar el cataclismo en mi vida que habías imaginado. Aunque ya sepas de antemano que no será así.

Ese sabor amargo en la boca te lo has ganado a pulso y lo sabes, pero siempre es más dulce el aroma de la culpabilidad que el de la estupidez. Y lo siento, pero yo no pienso ponértelo tan fácil.

Rachas de levante

20 jun. 2007

Siempre quise tener un perro como Niebla y peco de cruzar todos los semáforos en rojo, a veces pienso, que es por no ofrecerle más concesiones al verde que tanto tiende a inyectárseme en las venas en cuanto me descuido. Por eso rezo en secreto para volverme daltónica. Tengo la manía de construir una historia con cualquier gesto que me encuentro en la acera, otorgando personalidad y pasado a los propietarios, sumisos ante mi juego. Así que juego a la rayuela con retazos de tiempo pero nunca soy capaz de ganarme a mí misma. Hoy he sonreído al ver a un chico, niño a mis ojos, con un ramo de rosas blancas en la puerta de los jesuitas, no me gustan las flores, pero me gusta que aún haya gente con el valor de esperar con ellas en la puerta de un colegio. No creo en amores eternos pero si en instantes perpetuos y me he equivocado tantas veces que he desarrollado una extraña alergia a las tiritas. Además mi sangre coagula más de la cuenta y tiende a quedarse retardada en cualquier órgano, impidiéndome en ocasiones respirar a conciencia. Malgastar mi aire.
Y canto bajito por la calle, hasta que noto que alguien me mira y no puedo más que reírme y ponerme colorada, tanto que me arden las orejas. Pero después de eso siempre me quedo contenta y camino contando las baldosas de Bilbao que aun me quedan por pisar, porque después de enhebrar errores, pausas y talentos consigo remendar mi vida con un diseño original. Para seguir cantando, andando, soñando y cruzando todas las calles en rojo. Con la cabeza alta y una sonrisa cosida en el bolsillo.

Penélope

10 jun. 2007

A ti mi niño. Y felicidades, claro. A los dos.

Podría construirte un mosaico con todos los colores de tu sonrisa, incluidas las variables de las sonrisas a medias, que a pesar de lo que su nombre indica son aún más grandes al ser compartidas y tienen colores muchos más vivos, como el rojo piel con piel, el amarillo cosquillas (ya que conseguiste encontrarlas) o el azul de los días que han de venir. Podría hacerme una colcha con todos los instantes que me has recordado que estar aquí vale la pena, contando aquellos en los que me has sonreído las lágrimas o me has soleado las angustias, los bordes podría ribetearlos con todo ese tiempo que, aún a veces estando lejos, te has sabido meter bajo mi piel, para que no se colapsase el riego sanguíneo y no mutase el color de mis ojos. Podría tejer un mantel con las veces que has conseguido convencerme, no sólo de que puedo comerme el mundo, sino incluso de que puedo llegar a salvarlo. Hilaré servilletas a juego con todos los ánimos de todos los días, cuando allí o aquí, lograbas inyectarme la cafeína de tus manos elevándome, al lugar en el que todo está al alcance de la mano.
Así que al final, aunque a veces lo dudes, cubriste de sobra mis necesidades básicas: las sonrisas, el frío (sin ti) y el hambre (de ti). Y no sé si celebrar este día o aquél 19 de abril que nos vestimos de negro para no tener que usarlo nunca más a lo largo de los años, aquél día que comenzó el mejor de los pecados (el haberte conocido). O quizás celebrar un 16 de junio que se unieron la noche y el día para abrazarnos en una sonrisa. Sólo sé que parece que llevo toda una vida a tu lado… y aún me parece poco. Que podría construir una casa con todos los gracias que no me has dejado decirte, para mezclarlos con el cemento y asegurarte así que no sé caerá nunca. Ni aunque arrecie el viento de levante.

Que podría hacer todas esas cosas, pero me pasaría, como Penélope, toda una vida cosiendo. Y creo que si ella hubiese tenido a Ulises en la habitación de al lado, habría tejido a besos sobre su piel cada una de las noches que dormía a su lado. Mientras llega la noche, me escribiré en la piel que te quiero hasta componer el libro que siempre quise dedicarte. El que siempre, desde siempre, te mereces. Te quiero.

La foto, sé que es repetida, pero tenía que ser ésta.

Condicional imperfecto

2 jun. 2007

Supongo que es el escenario del sábado tarde, la sensación de ser el último de la fila, el cero varado a la izquierda, el comodín de las épocas de sequía. Si eso lo unes con la constatación de que algo te está fallando ahí dentro tienes un cóctel perfecto para un día malo. O para un día peor. A veces me pregunto como es la gente capaz de cambiar. Como alguien de repente decide que esto le está molestando en su vida y se lo lleva por delante. O lo mete en una bolsa de basura y lo saca a que lo destrocen los gatos del vecindario. Yo nunca he sabido hacerlo... He sabido diluir piezas que no me gustaban, controlarlas en ocasiones, pero no he conseguido desembarazarme de ellas. Lo he visto en demasiada gente. A ratos miro al chico de las gaviotas y consigo entenderle, me parece que los dos nos hemos quedado anclados en un nosotros mismos que no evoluciona. Es más, que contraevoluciona. Y no me vengas con que esas cosas son las que nos hacen especiales porque es un argumento gastado y ajado. Supongo que en días como hoy necesitas algo más que una palmadita en la espalda o supongo que llevo tanto tiempo necesitándola que se ha convertido en abismo. A mi espalda, rozando mis talones, cae la sima y soy incapaz de moverme. Sólo el vértigo de sentirla tan cerca puede hacerme caer.

 
   

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