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¿Y a ti aún te cuentan cuentos?

 

Nothing

29 ene. 2007

Al final llega a no importar. Sólo te acaricia el tuétano cuando el viento te pilla a traición desnuda entre las sábanas, y ni siquiera entonces, llega a erizarse tu piel. Aquello se lo llevaron tus manos. Y lo sabes, igual que sabes que el tiempo zozobró todas las olas, hasta que yo me convencí de que no iban a lograr fabricar los contrapesos adecuados para la laguna más vacía del mundo. Me convencí, te convencí y decidimos convencernos incluso con los ojos cerrados. Incluso mientras encallábamos, o quizás por ello, seguimos serenos tragando lágrimas porque era así, porque era lo inevitable.

Así que ya no duele, ni siquiera en aquel timbre, no sé si aún lo recuerdas, cuando arañabas con los ojos abiertos mi labio casi cerrado, y yo reía para amortiguarte las dudas, para quitar peso al vacío que se quedó, después de después, en los ojos acuñados de herrumbre. Obviamente, no logré nada, tú no conseguiste mirarme más allá de los cristales ahumados en ceniza y yo me tragué tantas palabras que perdí la capacidad de escucharme a mi misma (a veces pasa).

Y al final llega a no importar. Aunque aún duela.

Sin título acertado

19 ene. 2007


Siempre creí que aún quedaban opciones para cambiar el mundo
y mientras a mi siguen fallándome las manos
intento al menos no dejar de ver.
Aunque no sea lo mismo
Aunque no sea desde no tan lejos.

La foto, como no, es de Shin

(In)Digestiones de ayer

7 ene. 2007

Dejadme que os cuente, mi cuento de herida y caricias, mi historia de nadie, mi nana del hambre, todas mis mentiras…
En estos días, cuando todos miran hacia delante, yo rebano tostadas de pasado para conseguir hacer la digestión, por fin, de errores aliñados a destiempo. Y cuesta hurgar en las heridas para comprobar que los restos de carne muerta ya han sido devorados por los gusanos, claro que cuesta, pero en los días fríos de invierno, quiero abrigarme con calor limpio de pasado. Así que es mejor abrir las puertas y desalojar a las polillas, es mejor confirmar el estado de todos los nudos que tejí para no desmenuzarme sin fondo. Es mejor comprobarlo todo. Para saber que ya puedo, que soy capaz, de mantener la cabeza alta ante tu mirada (ahora desconocida).

Una vez asentadas las contraventanas, es preciso abrir camino, por terreno sinuoso y escarpado en ocasiones, hacia la verdad que sólo es verdad si la miramos a solas y sin juicios. Ahí donde escondí (de mí y de los demás) el miedo a no tener valor ante ti, el dolor ante la certeza del peso de tu mirada, la rabia por dejarte ese hueco entre mis baúles de telarañas. Y sobre todo, fue allí donde escondí el pavor a la repetición de tantas cosas que por desgracia descubrí, y descubrimos, juntos, el pánico a ver un día de nuevo en los espejos, la misma grieta de gritos que tanto ansío borrarme de entre los dedos.
En el balance de hoy se acumulan cada vez más telarañas en el haber de ese baúl, lo cual indica que nunca olvidé del todo los pasos hacia delante. Encuentro la caja en la que almacené lo bonito de aquél tiempo, que lo hubo, y sonrío al saber que puedo abrirla sin dolor, sin añoranza, con una sonrisa que, esta vez sí, es sincera. Y a pesar de que mi mirada se dirija hacia atrás, este saldo positivo es una de las cosas que me permite seguir adelante. Y sin ningún miedo, por cierto.

Y ahora me voy, de merecidas vacaciones, más allá del Mediterráneo, a (re)descubrir Estambul sin resbalones. Nos veremos a la vuelta, seguro.

 
   

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