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¿Y a ti aún te cuentan cuentos?

 

Doce años

27 sept. 2006

Doce años. Doce años entre tus labios y los míos. Y doce años en las velas de tu tarta de cumpleaños. Aquella que soplaste rozándome la mano bajo la mesa de la casa de tus padres. Doce años que han sombreado a granito las sonrisas y han vencido a aquél mundo que me dibujaste en los labios el día que te fuiste. El mundo que nos esperaría para agotarlo caminando de la mano en cuanto regresases, y no éste de sal y arena, que mantiene en salazón las heridas antiguas, que a nuestros ojos son nuevas, pues son posteriores a mis dedos impidiéndote pronunciar el adiós que siempre me negué a darte. El dolor, las lágrimas, los arañazos y las madrugadas desbordadas vinieron después. Cuando crecimos y descubrimos el decorado detrás del telón y, ni con retratos de meses de verano en los bolsillos, logramos encontrarnos entre las butacas.

Hoy, doce años después de aquellos doce años conservados en luna nueva, vuelves para soplar unas velas que siguen siendo rojas y verdes. Aunque ahora son el doble y la tarta es la mitad. Aunque ahora no estamos los mismos y las risas suenan sin retar la luz. Hoy, doce años después de aquellos doce años conservados en luna nueva, soplas el doble de velas rozándome la mano bajo la mesa de la casa de tus padres.

Y gracias a Shin por dejarme su trasto para colgar este texto...

Cerrado por vacaciones

14 sept. 2006


Este rincón cierra durante al menos una semana, mientras le seguiré los pasos a los griegos e intentaré recordar el sol más allá de esta ciudad de no-verano.
Volveré para comenzar a deshojar el otoño y preparar las doce uvas en pieles ajenas. Lo justo para no olvidar el camino imprescindible. Y volveré con ganas, con fotos y con más luz.

Hasta entonces, sed felices al menos un rato!

Un buen castigo

8 sept. 2006

Que puedo hacer si sales en todas mis fotografías, si ni siquiera cierro esa frase con una interrogación porque hay cosas que me he cansado de preguntarme, ya que, si sigo volviendo la vista atrás, me quedaré sin pupilas para seguir mirando hacia delante. Y los latidos me chivan que los tejados se han hecho añicos y ya no nos queda más que cielo abierto a donde subir. Que existe un mañana grande, delante de la cama (la más grande de la historia) y quiero volver al fin del mundo sólo contigo. Que ya hace casi seis años que cometí el mejor de los pecados (el haberte conocido) pero mucho menos desde que me despierta el roce de tu espalda en las sábanas. A pesar de todo. O quizás por todo. Pero sólo sé que tengo surcos en la piel que saben tanto a ti que sólo tú sabes desnudarme del todo. Porque sólo a tu lado no me da miedo estar a oscuras.

Verde (esperanza)

3 sept. 2006

Supongo que caeré de nuevo en la búsqueda de lo que sé que no existe. Como todas las mañanas de los días pares en los que sé que no estás, cuando los balcones crean enredaderas a fin de hacer las playas más desiertas. Y no me importa el silencio si soy capaz de llenarlo con una buena canción, cuando recurro a mis tres deseos al frotarme los ojos viendo el telediario.

Creo firmemente que todo funcionaría aún peor sin las estrellas fugaces, sin los ogros de los armarios o sin el ratoncito Pérez, pero cuando necesitas de un rincón negro para sobrevivir, la cuesta arriba siempre aparece al final del camino. O al principio, según la temperatura del día.

Cuando no me reconozco me acurruco entre peluches y siempre se me escapa la misma lágrima. Porque las cosas no funcionan y ya no soy capaz de salvar el mundo. Perdí esa capacidad a los seis años, al caerme del columpio y no lograr aterrizar de puntillas.

Y aún así creo en futuros posibles los días que no cierro los ojos demasiado fuerte y sé, que jamás lograré conformarme con azules en tonos medios, aunque al final me quede el escarlata oxidado de la sangre empapándome los labios. Al fin y al cabo, el rojo es uno de los colores básicos, y desde lo básico, siempre se puede empezar de nuevo. O eso espero…
 
   

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