Llévame
21 ago 2010
Llévame a tomar una caña y háblame de la cuadratura del círculo. De cualquier cosa que no incluya las doce paredes en las que nos encerramos cada día. Háblame de ciudades medievales, de movimientos arquitectónicos que seguramente olvidaré o de cómo te hiciste la cicatriz que te cruza la barbilla. Explícame a Cortázar con los términos más fríos y hazlo en cualquiera de los idiomas que yo nunca conseguiré dominar. Etiquétame erróneamente. Métete con mi acento, con mi condición de apátrida y mi dogma de fe de que todo es mucho más sencillo de lo que parece. Porque no lo es y hoy necesito que alguien me desdibuje los contornos de los problemas para intentar creer que algún día encajarán. En algún sitio, da igual donde.
Llévame a tomar una caña y déjame que me esconda en el mar helado de tus pupilas. Déjame que te responda con evasivas y vamos a perdernos en conceptos abstractos que en algún momento significaron algo. Da igual qué y da igual cuando. Enróscate en mi retina y sonríe, de poco en poco, como el gato de Cheshire antes de pronunciar las palabras mágicas. Ponte serio y frunce el ceño antes de dar una calada a tu cigarro. Déjame que reconozca tus gestos y así sienta que hay algo familiar que nos une. Aunque sea mentira y ninguno de los dos sepa demasiado bien qué dibuja el terreno que pisamos. Esta noche vamos a jugar a que, más allá de los cristales, hay una guerra de la que no formamos parte.
Una guerra que no me desangra esta noche.
Sonando: “Llévame al baile” de Pereza