A veces nos suicidamos nosotros mismos. Lo dices mirando al techo y te das la vuelta como si nada, sin ver los regueros de fuel que caen bajo la cama, sin percatarte de que la máquina ya no funciona correctamente y no hay fuerzas para conquistar nuevos territorios, ni aunque estuviesen sembrados de túneles salpicados de luz al final. Que he jugado tanto con cerillas de mentira que ahora ya no me quedan puentes que quemar ni cabos con los que construir lianas (juro que las aceptarías a pesar de mi vértigo). Mis mapas acaban ya más acá de los monstruos pero no consigo seguir más allá. Ni un solo paso. Ni arrastrándome entre los océanos. A oscuras siempre se me dio mal tantear el futuro, desventajas de nacer en primavera. Y supongo que tienes razón, porque al fin y al cabo casi siempre todos tenemos un poco de razón y porque mi objetividad está guardada hecha añicos bajo la piel, así que termina multiplicándome los agujeros negros en todos los espejos. Y cerrar los ojos sigue sin ser una salida. Sí, puede que tengas razón, a veces nos suicidamos nosotros mismos, pero no dejo de preguntarme si la sangre que me empapa las manos terminará por desangrarme antes de la siguiente mirada.
Olíamos mal, los lagartos se habían consumido en las partes más oscuras de la piel a pesar de que el sol casi nunca baña las mañanas de después. O quizás por eso mismo. Se pudría el amanecer en las persianas y ambos simulábamos dormir para no despertar a la verdad más allá de las sábanas. Acechábamos palabras apropiadas pero no conseguíamos el redil ajustado, nada de lo que dijéramos resultaría conveniente para el olor propio en la piel del otro. Y lo sabíamos, por eso dejábamos escapar los minutos sin atrevernos a rozarnos siquiera, sin abrir los ojos y acompasando la respiración a las ganas de huir que sujetábamos con ansia y disimulo a partes iguales. Quizás acompasamos también los recuerdos de una noche maquillada en sepia, de una traición escrita en todas las rayuelas de los niños del barrio, de una culpabilidad que no era tal, diluida como estaba en la certeza de saber que antes o después ocurriría. Puede que por eso, el sol empezase a allanar la habitación con menos luz y más calor, templando unas palabras que acabaron por enredarnos el hilo de nuevo. Me abrazaste despacio, con un “ven aquí” sembrado con calma en las sienes y nos acurrucamos a la mañana, tranquilos, esperando ver llegar, de un momento a otro, trenes colmados de culpabilidades. Planeé el atraco a mano armada de su corazón, cada palabra he calculado, ahora falta el valor, planeé decirle que la vida era su boca, y no, pasa a mi lado su olor y contengo la respiración… "Hoy te la meto" de Extremoduro
Empieza la temporada y siempre empieza con un telón rojo, besos y una noche que parece de verano, aunque no lo es, ni tampoco ha empezado siempre así, pero esta vez sí y cuando la vida te sonríe de veras es como si llevase haciéndolo toda la vida. Aunque sepas que hace un rato te llovían helados de migraña de los bolsillos, que más da eso ahora que bajan las luces, ahora que llega el verano dispuesto a acampar en tus venas. Tú le abres las puertas y le ofreces la cama más mullida con la misma sonrisa que tienes la mañana de Reyes (sí, yo aún creo en los magos). Así que suenan las letras sin tiempo, pausadas entre tus dedos, ahora que ya madrugamos a horas dispares y nos cogemos de la mano en las noches con luna. Y (con el permiso adecuado) te digo aquello de “contigo esta noche olvidé los golpes de la vida” y sé que lo sabes aunque a veces no te lo creas y aunque a veces yo me lo crea pero no lo sepa del todo. Y se me enjaula la boca en una mañana más, que siga a otra y a otra más…
Con retraso subo este video de “La Fuga” en acústico, en el Arriaga, en Bilbao, hace una semanita. Porque hace mucho de esta canción y sigue siendo una de las que más me gusta.
Ahora que no tengo tiempo ni de mirarme al espejo y ni de ser carpintero de los muebles viejos de mi corazón. Ahora que vivo tan lejos de la casa de mis viejos. Ahora que soy esperpento en el circo y que llevo follaje por dentro.
Voy a decirle a este viento que coja carrera y reparta silencio y así escribo versos y así desperezo y así me contento y así me lo invento…
“Así me lo invento” de Poncho K. Ese toca mañana ;)
Tengo los ojos verdes pero no soporto la esperanza, dicen que soy buena persona pero me gusta pensar que es sólo una tapadera que espera el momento adecuado para saltar. Como un geiser. Tengo 27 lunares en la espalda y odio mis pies. Algunas veces me muerdo las uñas y soy terriblemente friolera, tanto que a veces me paso días enteros tiritando. Colecciono momentos y no sería nada sin mis amigos. Me da miedo la oscuridad y adoro la soledad buscada. Me cuento cuentos cada mañana para intentar levantarme de la cama con una sonrisa, algunas veces da resultado...