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¿Y a ti aún te cuentan cuentos?

 

Medianoche

27 ago. 2011


Y se cansó de ser fuerte y dijo basta.
Y de repente todo a su alrededor quedó vacío y solo sonó el quejido del silencio,
palpitando dentro.

Descubrió, al fin, que en eso los cuentos también mienten y que,
digan lo que digan,
el mundo es de los débiles.


Escotofobia

10 ago. 2011


Dejaste el listón demasiado alto.

Ya no existe la ingravidez, la ausencia de aliento, la sonrisa eterna, las ojeras de colores. No existe el tiempo que no existe, mi inocencia, tus dedos escalando mis piernas, mis vértebras, mis costillas, mis palabras, mi boca perdiéndose en cualquier cruce de caminos entre tu cintura y tu espalda. No existe la cartografía exacta de los labios, los cuentos de Cortázar con finales a elegir, el lugar en el que refugiarse al fondo de tu pupila; cuando entender era solo saber mirar y mirar desacompasaba, siempre, los latidos. Cuando nos prometimos que nunca, jamás, nos quedaríamos con el cariño. Y lo cumplimos a rajatabla, aunque ya no importe, aunque ya no exista aquello que estuve cerca de llamar amor.

Te eché, lo sé, como expulso ahora de mi lado a cualquiera que airee mis sábanas de la piel muerta que habito. No he vuelto a tiritar bajo unos ojos, bajo unas manos, bajo una sola palabra. No he vuelto a bajar la guardia aunque a ratos me engañe pensando que sí, que la línea del abismo me dibuja el meridiano perfecto en las palmas de los pies. Y es posible incluso que la suerte caiga de mi parte. Sin embargo, a la hora de la verdad, las esquinas nunca se doblan de forma que consigamos el engarce perfecto.

Y ahora, tanto tiempo después, me atenaza el miedo. El miedo a no poder cerrar los ojos; tú fuiste el único capaz de domar mi vértigo, mi pánico a la oscuridad y mi ateísmo a esas cuatro letras en las que nunca creí. O quizás eso vino luego, cuando descubrí que, años después, aún guardo el único regalo que me hiciste.

La certeza de saber que nadie llenaría tu hueco.

Sonando: “Ojalá” de Silvio Rodríguez.

 
   

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