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¿Y a ti aún te cuentan cuentos?

 

Balance de blancos

28 jun. 2006

Para ti, porque en esta gané yo…
Hoy prefiero salir a ganar, a quitarme de en medio…
Supongo que todo es cuestión de enfocar de puntillas, manteniendo el equilibrio al mirar fijamente tu presencia, de tomarse el tiempo necesario para soplar las líneas adecuadas en la foto que quieres tomar, con la luz arreglada de punta en blanco y evitando la velocidad de los mediofondistas. Aunque siempre hemos terminado batallando para conseguir la mejor instantánea, con un guiño y tonos de piel que ríen sin cosquillas según la estación del año. Aunque ahora traslademos esa batalla bajo las sábanas y nos desenfoquemos la epidermis mientras le das (le damos) la vuelta a las bombillas del tiempo. La luz no nos ciega y yo te susurro al oído que preferimos que así sea con una sonrisa que conoces de sobra. Esto no es el final, ni el principio, ni siquiera es un camino que debamos recorrer de ninguna manera concreta. Cuando me enrosco en tus abrazos para dormir mejor o me escalas la espalda mientras me besas es cuando se producen las fotografías de los instantes en nuestra exposición particular. Esa que seguimos llenando y que ya ni recordamos cuando abrió. Sin fecha de clausura en los calendarios.

Sé que seguiremos compitiendo buscando encuadres adecuados pase lo que pase dos segundos después de los labios. Más allá de las mañanas de cinco o de los besos de tres por cuatro. Puede que se nos oscurezcan los amaneceres o que aparezcan horizontes cada vez más nítidos, sea como fuere, hoy me juego las barreras al caballero ganador. Con el as en la manga que me otorga saber que hemos sobrevivido a mucho más que eso. Y que seguiremos haciéndolo. Palabra de niña buena. Así que no tengo dudas de que permaneceremos colmando las paredes de muchos más días. El color ya lo decidiremos mientras tanto.

Cuando el eco se hace fuerte

26 jun. 2006

Hay instantes en los que se precipitan los huecos, deciden hacerse presentes todos a la vez mientras pasean, hoguera en mano, haciendo crepitar todos los cimientos. Y aún así sólo tienes frío, que se te acumula en las yemas de los dedos, provocando que únicamente seas capaz de tocar canciones tristes. Ni la lluvia en la ventana va a conseguir que te sientas abrigada, ni todos los racionamientos que guardas bajo la cama para momentos de alerta roja, te deslizarás sobre ellos, nunca sirven para nada y menos en noches de fuegos de artificio.

Los nichos se van haciendo fuertes dentro y tú los alimentas huyendo de toda lógica, la que te encadena al vacío sin tregua por obviarla y la que sacrificas en el mismo altar que tus sonrisas. Sabes que el silencio te cogerá de la mano dinamitando las pasarelas que tan precariamente construiste con el fin de esquivar los disparos, y sabes que mañana tendrás que recoger las cenizas y empezar de nuevo. Aunque ya dudas de que seas capaz de construir un muro tan alto que te mantenga a salvo de ti misma.

Los conflictos olvidados

22 jun. 2006

Es la séptima cerveza. Sólo porque el siete es mi número preferido y una madrugada soñé que podía darme suerte. Aunque no creo en ella. O mejor dicho, es ella la que no cree en mí, por eso la anulo, para no sentirme tan sola. Él no está, yo no estoy y la ausencia se ha mudado a la orilla norte, que es donde se producen todos los vendavales, que es donde no puedo negarla ni empeñándome en correr las cortinas. A pesar de que tu vacío me acompañe en el brindis mudo de una madrugada llovida de piedras, la soledad nunca viene para quedarse del todo. Se limita a dispararnos dardos de ayer en las sienes impidiéndonos ver más allá, como tú y yo nos disparamos palabras sin llegar a atinar.

Con la octava cerveza se me acaban los contornos en los que contengo los muebles viejos pero es mejor esto que volver a tropezar con los escombros de la noche. Si me tomo alguna más no me dolerá tanto al caer, si es que se puede caer aún más. Sé que uno se puede derrumbar por dentro, notando como todos tus órganos se disipan lentamente, deslizándose en un embudo que no toma prisioneros, hasta que notas nacer el huracán allí donde estaba el estómago, tan diferente a las mariposas iniciales, tan cercano a la náusea. Mientras aumenta la velocidad de tu distancia (directamente proporcional a los pasos sin vuelta) se paran los latidos, hasta que las ráfagas absorben todos los sonidos.
Con la novena cerveza cae como carne muerta el corazón. El embudo ha terminado su trabajo.

Distancias focales

18 jun. 2006

Y olvídate de mí porque en el fondo, estoy tocando fondo al reincidir…
Me pides que me quede tras la barrera mientras libras una batalla en la que sé que no dispongo de comodines. Ni de ases en la manga, ni patas de conejo ni sonrisas de estraperlo. Ni siquiera tengo una baraja trucada o unas gafas especiales de color esperanza, sólo guardo, en el bolsillo izquierdo, aquella tormenta haciendo trizas los espejos mientras tú me besabas en vertical. Y ahora, de lejos, me quedan los retazos de mí misma en blanco y negro que tú mismo captaste, que has acabado robándome cuando las distancias focales se redujeron al mínimo. En el mismo instante en el que dejé de creer en la cuenta atrás.

Me pides más días de sol a través de mismo cristal que consigue congelar los momentos sin fondo, donde terminaste encasillándonos para que no nos molestasen las libélulas. Me pides confianza, olvidando que hace semanas que es el vértigo quien alumbra mis noches, por mucho que quieras fotografiarme todos los puentes para mostrarme que nunca caerán. No te das cuenta de que temo mucho más el oleaje, cuando te acercas y te vas antes de que suba la próxima marea. Porque ambos saltamos a la pata coja sin saber donde se esconde el siguiente abismo (más allá de tus manos)

Ahora, con tu sed en mis labios, sellaré todo el asfalto que se me amontona en los tobillos para echar raíces suficientemente lejos de la plata vieja de tus ojos. No quiero sentir de nuevo como se funde adhiriéndose inexorable sobre mi piel. Esa es una marca que no conseguiría borrar ni destrozando una nueva bienvenida. Porque estás tan cerca que ahora sólo quiero tenerte lejos.

De príncipes...

15 jun. 2006

A Iker… porque lo perdimos todo.
Rompimos todos los cristales a golpe de risa escalándonos las cosquillas, tú siempre me las buscaste y, a pesar de no encontrarlas, no me faltaron los cascabeles en aquellos días de casi-verano, hace ahora tantos años. Entonces nos refugiábamos en las cervezas y evitábamos mirar al miedo a la cara, jugándonos las diferencias aunque no las viésemos. Estábamos asustados de reconocer alrededores y, tanteándonos, conseguimos encender las velas antes de que estallasen los obuses. En esos días en los que construimos letra a letra la palabra amigo en un material que creímos irrompible, cuando tus palabras se me acurrucaban detrás de las orejas, para que escuchase siempre el calor que tanto necesitaba. Y llegamos a necesitarnos como el zorro y el Principito, no fue casualidad (ya sabes que nunca lo son) que en tus manos cayese el primer ejemplar que he regalado a mis pilares, porque tú fuiste el primero que me supo leer sin guiones.

La amistad siempre fue el lugar en el que dejar mis ofrendas, el fondeadero sin estalactitas, más allá del ojo del huracán, lo más importante. Y lo sigue siendo a pesar de los vendavales que amenazan siempre los mismos territorios. Pero la arquitectura de los sinsentidos nos ganó la partida y terminamos por deshacer los castillos de arena, no contamos con el viento de levante ni con unas manos que no saben buscar estando solas. Así que un día me devolviste aquel “le petit prince” junto con los icebergs de miles de miradas, vacías esta vez. Se me ha hecho añicos la voz tantas veces antes de decirte que te echo de menos, antes de confesarte que aún guardo aquél libro (aunque te escupiese que lo tiré) junto con las llaves de la isla de Santa Helena. Y lo guardaré, aunque tenga que devolvértelo cuando ya no latan ni tus palabras calladas.

Me falta el meñique, tres pestañas y un puñado de silencios llenos desde que escapamos de los pasos adelante. Desde que yo me volví zurda y tu diestro. Y aún recuerdo esos momentos en los que éramos reyes de las terrazas, gritándole al mundo que estuviese preparado porque nos enfrentaríamos juntos a él. Quizás era sólo que en aquel tiempo creíamos el uno en el otro. Al final pecamos de exceso de equipaje y dejamos, a pesar de las promesas, lo imprescindible en el hueco de la escalera, para seguir arrastrando los pies en el barro de una amistad que se dibujó a partir de entonces en caminos paralelos. De los que nunca llegan a unirse.

Acompaña: “Cuando éramos reyes” de Quique González
La foto es de Juncal H.G
Gracias a Iván por echarme un cable cuando mi ordenador se rebela...

Cervezas

11 jun. 2006

"No te compliques cuando aterrices, es un terreno embarrado"
A veces los momentos se dibujan en el reflejo difuso del fondo de una cerveza. Con canciones en francés que se acumulan en el humo y nos hacen entornar los ojos sólo para vernos un poco más interesantes. Jugando con los dedos, sin atrevernos a enlazarlos, bailando con los ojos sin atrevernos a clavarlos, mordiendo los labios sin atrevernos a besarlos. Tanteando los gestos y bebiendo en los silencios como para diluirlos, para poder inyectar aire en los pulmones y tranquilizar las impresiones. Buscando un sí o un no en la espuma, una apuesta con o sin treguas.

Esta noche sin embargo mis cervezas se vierten a solas, de esa forma triste que tiene beber sin buscarnos las cosquillas. Con tus labios aún impresos en los míos ahora que deshaces otras camas. Ahora que yo deshago sábanas internas para no dejar paso a la neblina, intentando convencerme de que no me importa. Que el suelo de tu casa no nos ató tanto como para que se me descamen las entrañas imaginando tus manos deshaciendo otra piel. La cerveza se me hace dulce comparada con la barcaza de etanol (diluido con arsénico a partes iguales) que encalla, tenaz, en mis amígdalas.

No consigo tragar ese limbo suspendido en las farolas donde nos encontramos, cuando tú vuelves a cruzar mi calle y mi fuerza de voluntad decide acostarse pronto, cuando olvido que no puede ser, cuando la luz roja se nos cuela en las arterias y hacemos las mejores fotografías. Cuando tú me repites demasiado cerca las mismas promesas y yo decido que es más fácil dejarte pensar que me las creo.

"Tiembla, como si fuera la primera vez
como si fueras a largarte después

y no quisieras..."
"Miss camiseta mojada" de Quique González

Sucede...

7 jun. 2006

Sucede que todavía existen mundos que se dibujan en espirales tatuadas, da igual que ahora no sea capaz de verlos más que a través de cristales traslúcidos porque sé que se esconden de las esquinas trenzadas de asfalto y acero, que las caricias irán degradando la visión hasta hacerla cada vez más limpia. Sé que un día el mar dejará de calarme derrotas en los omoplatos y me ofrecerá un punto de vista con más luz. Y el horizonte volverá a ser un punto lejano donde colgar mis límites, en vez de la cuadratura rebasada cada noche al dejar las lágrimas en la almohada.
Sé que un día volveré a coleccionar espirales marinas, como las que le robaba a las olas cuando era pequeña, para contarles que uno más uno jamás serán simplemente dos, para teñir a sol todas las pecas amargas sin que me tiriten junto con los recuerdos ácidos en la columna vertebral. Y no volverán a llover crisantemos desde los balcones cerrados a golpe de cal viva.

Con todas las sonrisas dibujadas en la orilla voy a construirme un rompeolas desde el que sentarme a ver atardeceres, para que me santigüe la sal y me bese el viento de poniente. Y haré señas a todos los barcos guiñándoles los meñiques, diciéndoles en morse que puede que ese día sea mañana. Mientras, tenéis un sitio a mi lado si queréis sentaros.

“Y me siento mejor, si sé que tengo una estrellita pequeñita, pero firme”
“Sucede” de Extremoduro

Foto: Endika G.G

Te lo dije...

4 jun. 2006

He de reconocer que nunca me ha gustado el silencio, a veces llego a tenerle incluso miedo, cuando ni siquiera aparece el eco de tu voz y estabas esperando billetes de vuelta, pero ayer descubrí que hay personas que residen en el silencio para arroparte sin palabras cuando menos te lo esperas. Y cuando más lo necesitas. Esto va en especial para dos personas, para ti Urko que no estuviste y por eso el video de Salitre (aunque la calidad es pésima y está de lado…si alguien sabe como solucionarlo, este es un buen momento para utilizar mi correo…). Por las mañanas y los capuccinos, a pesar de los daños colaterales, por los abrazos teletubbie y las broncas necesarias, por los embalses y las lágrimas compartidas. Por convertirte en un pilar fundamental para mi, mucho más de lo que crees. Handia zara niño, mila musu eta mila besarkada.

La otra persona sí que estuvo allí y disfrutó conmigo de Quique, de los fans ansiosos de Revólver, del chico epiléptico y del albero de Vistalegre, comprobando que el éxito de los caramelos de piña es ínfimo y que nadie sabe como se llaman las bolas de paja esas de los western… Porque “todo está en la mente” niña y seguro que con tanto café (sin café) conseguimos controlarlas un poquito. Que alguien tan grande como tú se merece mucho más que estas líneas, pero es la forma más sencilla que conozco para darte las gracias, a ti y a la entusiasta del cacique (:P), porque, aunque es algo que odio, siempre me da vergüenza daros ese abrazo, graaaaande, graaaaaande, que os merecéis. Siontxu, llegaré temprano todos los días que haga falta con tal de que sigas sonriendo.

Y para los que seguís pasando por aquí a pesar de mi ausencia, para los que habéis aparecido de casualidad, para todos los que os guste… Quique González con un sonido bastante guarrete y de lado… dicen que la intención es lo que cuenta no? ;)


 
   

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